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Tres de las más importantes pretensiones del hombre son la
sal de la vida de Viena: música, arte y comida. Todos, desde
el hombre de negocios, hasta la mesera o el taxista visitan asiduamente
la Philarmonica y la Sinfónica de Viena, o al famoso coro
de Niños Cantores, a la operta de la Volksoper o a las elaboradas
tardes de la Opera.
En
Viena puede pasar uno o dos días simplemente relajándose,
y disfrutando de sus fantásticos cafés y pastelerías.
El más antiguo es Café Landtmann, el más bohemio
es Café Hawelka y los pintores exponen sus obras en el Café
Museum. En cuanto a la pastelería el Hotel Sacher es orgulloso
creador de la más famosa torta vienesa, la Sacher Torte,
una leyenda en sí misma.
Con
una buena dosis de chocolate en la sangre, ya está listo
para salir a explorar la ciudad. El corazón de la ciudad
se encuentra rodeado por la Ringstrasse, un boulevard que sigue
la línea de una antigua muralla medieval. Visite la famosa
Escuela Española de Equitación, con sus inmaculados
caballos blancos, guarde un tiempo para visitar el Museo de Bellas
Artes, suba a la Catedral de St. Esteban y admire desde aquí
toda la ciudad. Ya cansado de caminar, puede para a cenar en Zu
den Drei Husaren, el restaurante más elegante de Viena, o
sino, simplemente deléitese con una salchicha en cualquiera
de los muchos puestos dispersos por la ciudad.
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