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Portugal ofrece un gran número de rutas turísticas
increíblemente románticas y sorprendentemente económicas,
dominadas por pueblitos con casas de tejas rojas, castillos con
torres y grandes campos de olivos.
Sintra,
cerca de Lisboa, lo recibe con un par de hermosos castillos. Desde
el centro de la ciudad, con callecitas cubiertas con exquisitas
baldosas, puede dirigirse hacia los castillos. El primero es de
estilo morisco y data del siglo VII, con una orgullosa vista sobre
los campos. Por dentro, las gruesas paredes de piedra sostienen
un cielorraso pintado con urracas, encargo de un rey que de este
modo se burlaba de las damas que esperaban en esta sala a ser atendidas.
Un poco más alto en la colina se encuentra el Palacio da
Pena, el cual ofrece una increíble vista sobre Lisboa y el
mar.
Saliendo
de Sintra, transitará por un paisaje digno de un libro de
cuentos. Molinos de viento, caseríos de tejas rojas, carros
tirados por caballos dirigiéndose a los mercados. En el camino
está Orbidos, una aldea medieval, toda rodeada de murallas,
con callecitas tan angostas que con los brazos extendidos una persona
puede tocar los edificios a ambos lados de la calle. En uno de los
extremos encontrará una escalera que lo llevará hacia
las rampas de la parte más alta del pueblo, desde donde podrá
admirar este antiguo poblado blanco y naranja.
Desde
Orbidos, diríjase a Batalha, donde se encuentra el Monasterio
de Santa Maria de Vitora, un lugar de belleza contrastante con los
sonidos de músicas modernas que llegan desde la plaza cercana.
Luego deténgase brevemente en la villa de pescadores de Nazaré.
Aquí se conjugan en un hermoso cuadro la ancha lengua de
playa con botes pintados de verde, rojo y amarillo, y con los pescadores
reparando sus redes.
Desde
aquí el viaje se transforma en una experiencia única
-sino, no sería una luna de miel- hacia el Bosque Buçaco,
donde los altísimos cedros forman colonias que compiten por
ver quien llega más cerca del cielo. El Hotel palacio, en
medio de este bosque, es uno de los puntos culminantes del viaje.
El palacio fue en el pasado un parador de cazadores y ahora se ha
transformado en un hotel de ensueño con arañas de
cristal, arcos, cerámicos y suites salidas directamente de
sus fantasías de luna de miel. Quédese aquí
todo el tiempo que pueda.
Desde
Buçaco, diríjase hacia las montañas -altas,
majestuosas, lustrosas, cubiertas con flores silvestres amarillas
y púrpuras. Luego encare las planicies, hacia las rutas rodeadas
de olivos, hacia Estemoz, un pueblo con casas blancas construidas
sobre empinadas calles, donde las puertas de entrada parecen los
escalones de una escalera. Pasar la noche en la Pousada da Rainha
Santa Isabel lo hará sentir miembro de la realeza.
En
su viaje de regreso a Lisboa, viajará por las planicies,
cubiertas de trigo y ovejas, rodeados del sonido de las campanillas
al viento. Si no está aún preparado para entrar en
la ruidosa y activa Lisboa, haga un último stop en Evora,
un pueblo muy tranquilo cuya Pousada dos Loios le dará una
última noche de cuentos.
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